Soul Reconnect – Coaching para pacientes de cáncer de mama

Empoderamiento femenino. Motivos para trabajarlo

¿Cuántas veces nos hemos visto ante una situación en que no hemos sabido qué elegir o cómo posicionarnos?

Cuántas veces dudamos o damos a los demás, a menudo a personas cercanas y queridas, más poder del que nos damos a nosotras mismas.

 

Acerca del poder

La palabra “poder” tiene a menudo connotaciones negativas. Parece que ejercer el poder cosiste en imponerse al otro, en pisotearlo o maltratarlo. Y tal vez, en algunos casos, quien ejerce el poder se comporta de esa manera. Sin embargo, el poder va mucho más allá.

El poder es, sencillamente, la facultad de hacer algo. Así lo define la Real Academia Española. Resulta aplastantemente sencillo y a la vez extenso. ¡Abarca tanto!

Ejercer poder no necesariamente implica una comparación con otras personas (ser más fuerte, más inteligente), sino que consiste en permitirnos a nosotras mismas realizar aquello que queremos hacer.

Poder ¿para qué?, te preguntarás…

  • Poder para atreverte a alzar la voz cuando lo necesites y manifestar aquello que deseas;
  • poder para pedir, para dar, para negar algo a los demás;
  • poder para permitirte opinar e incluso optar por tu opción preferida, tanto si es la mejor como si no;
  • poder para escucharte a ti misma y actuar como una caja de resonancia respecto a tus propios sentimientos, que te permita reconocerlos, expresarlos y defenderlos;
  • poder para nadar contra corriente si es necesario, en favor de aquello en lo que crees;
  • poder para tomar el mando y ser la luz que guía a los demás.

El poder es, en definitiva, algo tan básico, que resulta incluso de sentido común. ¿Por qué, entonces, nos resulta tan difícil ejercerlo?

 

¿Por qué nos resulta tan difícil ejercer nuestro poder?

A lo largo de la historia, nos han educado para callar, para ser sumisas y aceptar sin discutir. En décadas recientes ese patrón ha comenzado a transformarse en una aproximación más igualitaria que nos anima a opinar y mostrarnos igual que lo hacen los hombres. Y aún así, nos cuesta.

Porque hay otros factores que nos limitan, que tienen que ver con aspectos emocionales que van más allá de los que se reflejan en la historia.

Empoderarnos consiste en adquirir el poder de llevar a cabo acciones como las mencionadas anteriormente.

Empoderarnos consiste en adquirir el poder de llevar a cabo acciones como las mencionadas anteriormente. A menudo, el obstáculo más grande para hacerlo son nuestros propios miedos. Al mirar a tu alrededor, puedes estar segura de que todas, absolutamente todas las personas que te rodean tienen miedos. Algunas los manifiestan de forma más transparente, incluso sin querer. Otras, pasan por la vida aparentemente con más seguridad y decisión. En ambos casos, rascando un poco, encontrarás miedos.

Los miedos son una especie de alerta que nos ayuda a prestar atención ante situaciones poco familiares o que se escapan a nuestro control. No son malos, ni buenos. Existen y tienen un papel. Es importante conocerlos, aceptarlos y trabajar con ellos. Porque si se les deja sueltos, pueden hacerse con el poder y decidir por nosotras.

 

Empoderarnos

Trabajar en nuestro proceso de empoderamiento es un viaje hacia adentro que nos permite conectar con nuestras emociones y con nuestras necesidades profundas. El primer paso hacia el empoderamiento es conocernos y comprender cuáles son nuestros puntos fuertes y aquellos otros que pueden necesitar nuestra atención.

A la hora de tratar el tema del empoderamiento, no existe una receta mágica que permita generalizar, porque como hemos visto, cada persona convive con sus miedos, únicos y personales, muchas veces desconocidos.

El miedo a que no nos quieran, a que no nos acepten, a equivocarnos, a que se rían de nosotras o a fracasar se encuentran al orden del día.

El miedo a que no nos quieran, a que no nos acepten, a equivocarnos, a que se rían de nosotras o a fracasar se encuentran al orden del día. Planean sobre nuestras cabezas y pueden hacernos creer que los demás, saben más que nosotras. Ese es el momento en que cedemos nuestro poder ante la otra persona y dejamos que decida, que hable, que sienta por nosotras. Como si lo fuera a hacer mejor que tú, o como si dejar que lo haga otro, quitara importancia a la decisión o a la equivocación.

Porque enfrentarse a estos miedos y alzarse implica también tomar responsabilidad ante nuestras decisiones y, a la larga, ante nuestra vida.

Vivir desde el empoderamiento es un posicionamiento determinante. Nos da la capacidad decidir por nosotras mismas. Lo cual trae consigo la idea de la responsabilidad. Algo para lo que muchas veces no nos preparan.

Como seres humanos, somos responsables de nuestras acciones. Y ello no nos convierte en culpables o víctimas de nuestros errores, sino en personas comprometidas con la vida.

Somos responsables de nuestras acciones. Y ello no nos convierte en culpables o víctimas de nuestros errores, sino en personas comprometidas con la vida.

El objetivo final del proceso de empoderamiento es el de lograr permitirnos ser quienes realmente somos, expresándonos en nuestra totalidad. Sin dejar que el miedo o las opiniones de los otros nos paralicen.

Una mujer empoderada se expresa desde dentro y se atreve a darse a sí misma el valor que le corresponde, que es exactamente el mismo que tienen los demás. Empoderarnos nos permite vivir en igualdad y nos da la libertad para elegir en cada momento lo que queremos tanto para nosotras como para nuestro entorno.

Párate un momento y reflexiona… ¿Ante quién cedes tu poder? ¿Cuándo te haces pequeñita y dejas que los demás decidan por ti? ¿Cómo te sientes cuando eres tú quien toma las riendas y opta? ¿Cómo quieres que sea tu vida?

¿Ante quién cedes tu poder?

Simplemente tomar conciencia de cómo a veces dejamos que otros se hagan con el mando es un primer paso, fundamental, hacia el empoderamiento. A partir de ahí, ¿Qué más quieres hacer? ¿Cómo quieres seguir avanzando?

 
 
 
Las ideas expresadas en este blog son de su autora, coach profesional y en su día paciente de cáncer de mama. Sus opiniones en ningún momento pretenden reemplazar la opinión y diagnóstico de un profesional de la medicina. 

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